
La Plaza Mayor de Tábara se llenó este domingo de silencio, de rabia contenida y de una emoción que era imposible de disimular. Más de 300 personas se concentraron en el centro de la localidad zamorana para recordar a su querida vecina Leticia Rosino, asesinada hace ahora ocho años, en un acto marcado por un dolor que no cesa y por la indignación ante la puesta en libertad de su agresor.
Familiares, amigos, vecinos y todo aquel que quiso sumarse a este acto arroparon a Inmaculada Andrés, la madre de Leticia, en un día que definió como "doloroso, horroroso y maldito". Un homenaje que tenía otros significados, también alzaba la voz exigiendo justicia y recordando que "él sale, ella no vuelve", como reza el lema de la convocatoria. La concentración, impulsada por la Fundación Leticia Rosino, volvió a convertir el nombre de la joven en un símbolo de lucha contra lo que consideran una falta de proporcionalidad en las penas.
